3. Diagnóstico de la enfermedad de Lyme
A la hora de diagnosticar la enfermedad de Lyme la sospecha diagnóstica es importante; para ello, tendremos que tener en cuenta si nos encontramos en un área endémica o si se ha viajado en los últimos meses a una de ellas o el hecho de recordar la picadura de una garrapata o la presencia de lesiones cutáneas sugestivas .
En general, el diagnóstico se basa en test de laboratorio (Tabla 3).
Los métodos de diagnóstico del Lyme varían en función del momento y de los síntomas de la infección; en general, se recomienda hacer un test en 2 pasos, inicialmente con un inmunoensayo enzimático (ELISA) y, en caso de positividad, confirmar con un análisis de Western blot.
Si la sintomatología es de menos de 30 días, deberán cuantificarse IgM e IgG; si es de más de 30 días, IgG .
En el caso de la artritis de Lyme, en general suele cursar con títulos altos de IgG anti-Borrelia en sangre , pero en casos en que la artritis se inicie inmediatamente tras el eritema migrans la serología IgG puede ser negativa y puede requerirse realizar una PCR en líquido articular .
Para establecer el diagnóstico de neuroborreliosis se requiere la presencia de sintomatología neurológica y demostrar la producción intratecal de anticuerpos específicos. El LCR suele mostrar además pleocitosis prácticamente siempre.
Las muestras para el análisis de anticuerpos deben tomarse de manera simultánea en LCR y sangre. Debe calcularse el índice IgG en LCR/suero y demostrar que existe síntesis intratecal de anticuerpos anti-Borrelia .
En casos de neuroborreliosis temprana, la IgG intratecal debe ser positiva prácticamente en todos los pacientes entre 6 y 8 semanas tras el inicio de los síntomas, mientras que la neuroborreliosis tardía cursa títulos altos de anticuerpos tanto en el LCR como en el suero .
En general, la PCR es poco útil en el caso de neuroborreliosis, pero podría ser útil en casos muy tempranos con anticuerpos aún negativos .