Se trata de una mujer de 42 años con cefalea de un año de evolución, de perfil tensional, sin datos de alarma por anamnesis. En la historia clínica dirigida describe, del mismo tiempo de evolución, percepción de debilidad en el miembro inferior izquierdo y episodios fluctuantes de parestesias en ambas manos, sin asociar síntomas sensitivos a otros niveles ni Lhermite referido. No presenta otra clínica neurológica asociada. Refiere un cuadro de 2 años de evolución de febrícula vespertina sin semiología infecciosa asociada, astenia, artralgias esporádicas, xeroftalmia y xerostomía.
Presenta antecedentes personales de queratoconjuntivitis y Raynaud en las manos en la infancia. Tiene antecedentes familiares de síndrome antifosfolipídico en su madre y su hermano (eventos trombóticos de repetición con anticuerpos antifosfolipídicos positivos).
Inicialmente, con una decisión conjunta entre neurología y reumatología, se comienza el tratamiento con hidroxicloroquina y prednisona oral a dosis bajas, con mejoría de la clínica sistémica. En el seguimiento estrecho inicial, poco después, la paciente presenta un empeoramiento sintomático con un cuadro subagudo de mayor paresia del miembro inferior izquierdo, dificultad progresiva para la marcha y mareo con diplopía vertical, con empeoramiento marcado de dichos signos en la exploración neurológica.
En la RM cerebral y medular de control se objetiva la presencia de una nueva lesión mesencefálica y 3 nuevas lesiones en la médula dorsal. La paciente recibe 2 ciclos de megadosis de corticoides (metilprednisolona 1 g intravenoso × 5 días). Ante la evolución agresiva del cuadro inflamatorio del sistema nervioso central, se decide de forma conjunta el inicio de inmunosupresión con terapia biológica, optándose por rituximab. Desde entonces, la paciente se ha mantenido clínica y radiológicamente estable.
El abordaje diagnóstico de la paciente se realiza de forma conjunta entre neurología y reumatología. El cuadro clínico de xeroftalmia y xerostomía junto a los síntomas sistémicos (astenia, febrícula), adenopatías cervicales y Raynaud en la infancia, con la presencia de ANA y anti-Ro/SSA positivos, test de Schirmer negativo y biopsia de glándulas salivares menores patológica lleva al diagnóstico de SS primario según los criterios europeos-americanos de 2002. Se descartan otras enfermedades autoinmunes sistémicas con el estudio realizado. La paciente no tiene anticuerpos antifosfolipídicos (presentes en algunos miembros de su familia, lo que pone de relevancia el sustrato autoinmune familiar).
El síndrome neurológico inicial es compatible con una mielopatía transversa junto a una cefalea de perfil tensional por la anamnesis y la exploración. La afectación medular es de origen inflamatorio-desmielinizante por la forma de presentación, características de la lesión inicial visualizada en la resonancia medular, las lesiones de sustancia blanca y el perfil inflamatorio en la resonancia cerebral, y los hallazgos inflamatorios del LCR.
El diagnóstico diferencial de la mielitis transversa de la paciente aborda como posibilidades una enfermedad desmielinizante asociada al SS (cuadro sistémico del SS, lesiones inespecíficas cerebrales, BOC IgG en el LCR en escasa cuantía), una mielitis en el contexto de un trastorno del espectro de la neuromielitis óptica (TENMO) –aunque no cumple los criterios diagnósticos, a pesar de la descrita previamente asociación de SS y TENMO: no mielitis longitudinalmente extensa ni atrofia medular, lesiones cerebrales no típicas de esclerosis múltiple (EM), pero tampoco localizaciones típicas de TENMO y negatividad de anticuerpos antiacuoporina-4– o una EM (mucho menos probable, banderas rojas de lesiones no típicas de EM en la RM cerebral y síntomas sistémicos asociados, a pesar de la presencia de BOC IgG de patrón II –aunque con escasa cuantía de bandas–). Por todo ello, se considera como diagnóstico más probable el de manifestaciones neurológicas inflamatorias en el sistema nervioso central/enfermedad desmielinizante asociada al SS. La afectación neurológica presentada a lo largo de la evolución (nueva mielitis y síndrome troncoencefálico), así como la cefalea (sin datos específicos asociados), son plausibles dentro del cuadro clínico descrito.
Este caso pone de manifiesto la complejidad y las dudas en el diagnóstico diferencial, así como el reto terapéutico que suponen los pacientes con enfermedades autoinmunes sistémicas y manifestaciones neurológicas.
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