< Lección 3. Profilaxis y tratamiento del tromboembolismo venoso asociado a cáncer en pacientes con insuficiencia renal

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1. Introducción

La enfermedad renal y el cáncer tienen una asociación multifactorial. Los pacientes con enfermedad renal crónica (ERC) tienen una mayor incidencia de cáncer en relación con los pacientes sin ERC. Además, tanto el cáncer como los tratamientos contra el cáncer pueden causar insuficiencia renal, tanto aguda (IRA) como crónica (ERC). Los problemas renales en el contexto del cáncer pueden empeorar los resultados del paciente y disminuir la adecuación de los tratamientos contra el cáncer. Pacientes cuyo cáncer es potencialmente curable pueden experimentar fallo multiorgánico que requiera cuidados intensivos y tratamiento de reemplazo renal. En algunos países, la mejora de la mortalidad por cáncer debido a una mayor eficacia del tratamiento ha dado lugar a una población creciente de pacientes con cáncer que sobreviven y que tienen un mayor riesgo de nefropatía.

La ERC es muy prevalente en pacientes con cáncer; se estima que la prevalencia de una tasa de filtrado glomerular estimada (eGFR) de 60 mL/min/1,73 m2 en pacientes con cáncer es del 12 al 25%. Ciertos cánceres, como el carcinoma de células renales y el cáncer de vejiga, tienen una mayor prevalencia de ERC que otros. La presencia de ERC empeora las tasas de supervivencia de los pacientes con cáncer. Los pacientes con ERC en estadio 5 tienen una mayor riesgo de ciertos tipos de cánceres como el renal y el de vejiga.

Las causas y mecanismos fisiopatológicos de la IRA (acute kidney injury –AKI–) y la ERC en el cáncer pueden ser prerrenales, renales y posrenales (Tabla 1). Los tratamientos más comunes del cáncer que pueden inducir IRA se enumeran en la (Tabla 2).

La insuficiencia renal (IR) es una complicación frecuente en los pacientes con cáncer. Datos del estudio BIRMA (Belgian Renal Insufficiency and Anticancer Medications), que investigó la prevalencia de IR en los pacientes con cáncer, revelan que hasta el 50-60% de los pacientes con tumores sólidos tiene algún grado de IR. En este estudio, el 37,6, el 18,5 y el 1,3% tienen un filtrado glomerular (FG) de 60-89, 30-59 y < 30 mL/min, respectivamente. En uno de los pocos estudios realizados en España, se analizó a 594 pacientes hospitalizados en Oncología, encontrando que un 18,2% de los pacientes presentaban un FG por MDRD < 60 mL/min/1,73 m2. En cualquier caso, precisamos de más estudios epidemiológicos para conocer la prevalencia de la ERC en el paciente oncológico. La edad avanzada y el tratamiento con quimioterapia son los factores de riesgo que se asocian con más frecuencia.

En la práctica clínica, la frecuencia de IR puede estar subestimada si el diagnóstico se basa en los niveles séricos de creatinina y no en la medición del FG. Además, algunos tratamientos antineoplásicos son nefrotóxicos y pueden empeorar la función renal durante la evolución de la enfermedad.

La heparina de bajo peso molecular (HBPM) ha demostrado ser el tratamiento más eficaz en los pacientes con trombosis asociada a cáncer y actualmente las guías de práctica clínica la recomiendan como tratamiento de elección, por delante de la heparina no fraccionada (HNF) y de los fármacos antagonistas de la vitamina K (AVK). En los últimos años, a raíz de la publicación de los estudios que la comparan con los anticoagulantes orales de acción directa (ACOD), la mayoría de las guías ya incluyen a los ACOD como una alternativa al tratamiento con HBPM en aquellos pacientes de bajo riesgo de sangrado (excluyendo gastrointestinal o genitourinario) (Tabla 3)

 

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