La LMP es una enfermedad rara, heterogénea y con fenotipos cada vez más variados. El conocimiento profundo de sus formas de presentación y de los síntomas más frecuentes durante la evolución de la enfermedad es de suma importancia a la hora del diagnóstico precoz y de un adecuado abordaje terapéutico.
El VJC es un virus ubicuo, que se trasmite habitualmente durante la infancia en su forma no patógena y que produce infección latente en la gran mayoría de la población. Suele estar latente en la médula ósea, los tejidos linfoides, los riñones y posiblemente el cerebro.
Las condiciones de inmunosupresión severas, especialmente con compromiso de la inmunidad celular (neoplasias hematológicas, VIH, tratamientos inmunosupresores) pueden promover mutaciones secuenciales en el virus, produciendo cepas patógenas con especial tropismo hacia el SNC.
La RM es una herramienta diagnóstica fundamental para el diagnóstico precoz, en fases asintomáticas. También el útil el estudio del genoma viral en el LCR o la clínica para el diagnóstico en fases sintomáticas y para el seguimiento posterior.
Se han probado distintos fármacos frente a distintas dianas terapéuticas, con eficacia reducida en casos muy concretos. Sin embargo, hay abordajes terapéuticos novedosos prometedores que necesitan ser mejor estudiados.
La utilización de biomarcadores para una adecuada estratificación del riesgo de LMP en pacientes tratados con natalizumab ha reducido los casos y mejorado el pronóstico a largo plazo en este contexto. Es fundamental extrapolar este enfoque a las demás patologías relacionadas con la LMP.