6. Tratamiento
6.1. Estrategias de tratamiento
La falta de un modelo animal de LMP, las dificultades para el crecimiento del virus en cultivo, la baja incidencia y la gravedad de la enfermedad han obstaculizado la investigación y el desarrollo de antivirales eficaces contra el VJC. Básicamente, se han investigado 2 estrategias terapéuticas anti-LMP: las terapias antivirales directas y las estrategias indirectas (que tienen como objetivo reconstituir el sistema inmunitario deteriorado para generar una respuesta antiviral endógena eficaz) .
Se han utilizado antivirales directos con diferentes dianas terapéuticas: citarabina, cidofovir, ribavirina, adenina arabinósido, yododesoxiuridina y topotecán (inhiben la replicación del ADN viral), mirtazapina, clorpromazina (antagonista del receptor 5-HT), mefloquina (bloquea la replicación in vitro). Ninguno de ellos ha demostrado su utilidad en un ensayo clínico; de hecho, la mayoría de los estudios se terminaron antes de tiempo debido a la falta de eficacia o a la toxicidad excesiva .
La reconstitución inmunitaria sigue siendo la estrategia más eficaz, bien mediante las terapias antivirales combinadas en el VIH, bien mediante la interrupción de la terapia inmunosupresora como natalizumab, por plasmaféresis (aunque hay resultados contradictorios respecto a este último punto que sugieren que esto podría estar asociado con un SIRI más grave) .
Hay enfoques más novedosos propuestos en los últimos años: utilización de interleucinas 2 y 7 (IL-2, IL-7), anticuerpos anti-muerte celular programada (PD)-1 (nivolumab, pembrolizumab) o la terapia con células T alogénicas específicas de virus que se generan a partir de donantes relacionados o no relacionados .
El éxito del tratamiento propuesto varía considerablemente entre pacientes, particularmente en el caso de la terapia anti-PD-1. En efecto, a causa del bajo número de casos descritos, aún no es posible sacar conclusiones definitivas con respecto a la eficacia de estas terapias, aunque los resultados más prometedores los parece brindar la terapia con células T alogénicas.
Por otra parte, si la LMP se desencadena por una terapia inmunosupresora para el tratamiento de una enfermedad autoinmune, la terminación de esta terapia puede contribuir al tratamiento de la LMP, pero también puede ocurrir un empeoramiento de la enfermedad subyacente. Estos factores deben tenerse en cuenta al seleccionar un régimen terapéutico para la LMP. Sin embargo, los efectos adversos descritos hasta ahora parecen ser limitados. Esto es cierto tanto para la terapia anti-PD-1 como para el uso de células T específicas de virus, aunque para las primeras probablemente se deban esperar fenómenos autoinmunes secundarios.