Los brotes de la NMO se tratan con altas dosis de corticoides, habitualmente con 1 g/día de metilprednisolona intravenosa durante 5 días, seguidos de 1 mg/kg/día de prednisona oral con descenso paulatino, manteniendo una dosis baja (10 mg a días alternos) durante 6-12 meses. Sin embargo, las recaídas con este tratamiento son frecuentes. Si existe empeoramiento durante el tratamiento con corticosteroides, la alternativa es el recambio plasmático (PLEX), que se ha demostrado eficaz en más del 50% de los casos. Esto es lógico, dada la patogenia de la enfermedad, con un mecanismo fundamentalmente humoral. El principal determinante de la eficacia de la plasmaféresis es la rapidez en su inicio. Habitualmente, se realizan entre 5 y 7 sesiones en 2 semanas. La mejoría tras la plasmaféresis se inicia en los primeros días.
Durante la fase aguda de una recaída se deben de tomar decisiones tempranas, aun sin un diagnóstico seguro, pero sin asumir riesgos innecesarios. Son predictores de buena respuesta la rapidez en el inicio de tratamiento, el sexo masculino y la conservación de los reflejos osteotendinosos.
La NMO puede tener un pronóstico funcional grave, por lo que el tratamiento inmunosupresor debe instaurarse precozmente. Esto nos ayudará a reducir la dosis de corticoides. Las primeras propuestas de tratamiento surgieron de descripciones aisladas o estudios no controlados, por lo que no es posible establecer comparaciones ni conclusiones. Se debe valorar la relación riesgo-beneficio en la NMO. El objetivo principal del manejo del NMOSD es la prevención de recaídas, tanto para los pacientes que son AQP4-IgG-seropositivos en la presentación inicial, que tienen más de un 70% de riesgo de recaída en el año siguiente, como para todos los pacientes, ya sean seropositivos o seronegativos.
El régimen clásico de tratamiento inmunosupresor es azatioprina (2-3 mg/kg/día) y prednisona oral (1 mg/kg/día) en pauta descendente. Tras 2 meses de prednisona oral, se reduce muy lentamente hasta una dosis de mantenimiento de 10 mg/kg/día. La duración del tratamiento con azatioprina no está estandarizado, pero es frecuente el incremento del riesgo de recaídas cuando se suspende. También se están utilizando otros inmunosupresores como el micofenolato de mofetilo. Debido a la discapacidad asociada a los brotes, es imperativa la instauración de tratamiento tras el diagnóstico. El esquema tradicional en el tratamiento de mantenimiento de los NMOSD se basa en el inicio con inmunosupresores (IST) (azatioprina, micofenolato de mofetilo y/o rituximab –RTX–); la eficacia de estos tratamientos ha sido demostrada mediante estudios observacionales retrospectivos y prospectivos no controlados, por lo que se utilizan en indicaciones diferentes a las aprobadas en ficha técnica (off-label). Sin embargo, es perentorio un correcto diagnóstico, ya que tratamientos aprobados para la EM (IFN-β, natalizumab, fingolimod o alemtuzumab) han demostrado empeorar los NMOSD.
Recientemente, se han publicado los resultados de los ensayos clínicos, que han demostrado eficacia en la prevención de ataques. Esto ha conllevado la aprobación de 3 nuevas moléculas, eculizumab, satralizumab e inebilizumab, y demostrado la eficacia de fármacos clásicos como rituximab y tocilizumab. A continuación, describimos cada una de ellas.
El rituximab se ha demostrado que reduce significativamente la tasa de brotes y puede estabilizar el curso de la enfermedad. Es un anticuerpo monoclonal que se une selectivamente al antígeno CD20 de la superficie de los linfocitos B y por diversos mecanismos reduce su recuento en sangre periférica sin actuar sobre las células hematopoyéticas. Se recomienda mantenerlo de manera crónica con controles de seguridad para evitar efectos secundarios.
El eculizumab está indicado en adultos con NMOSD AQP4-IgG-seropositivos con curso recidivante de la enfermedad.
El inebilizumab está indicado por la European Medicines Agency (EMA) en adultos con NMOSD AQP4-IgG seropositivos.
Se requiere descartar hepatitis B, hepatitis C y tuberculosis antes de la primera dosis. El tratamiento debe retrasarse para los pacientes con infección activa hasta que se resuelva. Los niveles de inmunoglobulina deben controlarse antes del tratamiento y a intervalos regulares durante el tratamiento.
El satralizumab está indicado en monoterapia o en combinación con IST para el tratamiento del NMOSD en pacientes adultos y adolescentes mayores de 12 años AQP4-IgG-seropositivos.
Los niveles de transaminasas hepáticas y neutrófilos deben controlarse antes de la primera dosis y durante el tratamiento.
plazo
Se están explorando nuevos agentes que actúan sobre diferentes puntos críticos de la cascada inmunopatológica. En conjunto, estas terapias se dirigen a las células B, los anticuerpos AQP4, la BHE, el sistema del complemento y la producción de granulocitos.
En cuanto al tratamiento sintomático, es conveniente que el paciente sea controlado por un equipo multidisciplinario con rehabilitación, urología, fisioterapia y oftalmología.
lección
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CONCLUSIONES
BIBLIOGRAFÍA
CASO CLÍNICO
LECTURAS
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