CONCLUSIONES
- Los anticoagulantes tienen un papel fundamental en la profilaxis y el tratamiento del tromboembolismo venoso. Aunque son seguros, conllevan un incremento del riesgo de sangrado.
- Las escalas que intentan clasificar el riesgo de sangrado no están validadas, pero son útiles para reconocer las situaciones de aumento del riesgo y poder corregirlas o controlarlas. En la práctica habitual, muchos pacientes entran dentro de las situaciones de alto riesgo de sangrado, por lo que su utilidad es limitada.
- La situación más crítica se produce cuando coexisten en el mismo paciente una complicación hemorrágica grave y un tromboembolismo agudo. En esta situación, el manejo es complejo. Al margen de las medidas de soporte vital, es prioritario el control de la hemorragia para poder iniciar lo antes posible el tratamiento antitrombótico.
- Tras una hemorragia grave, el inicio de la anticoagulación es posible y seguro en la mayoría de los casos. Se necesitan más estudios de calidad para conocer el manejo óptimo de los pacientes con sangrado activo o alto riesgo de sangrado que precisan anticoagulación.
- La heterogeneidad de los pacientes con cáncer, de los diferentes tipos de sangrado y su gravedad y de las localizaciones y la gravedad de las complicaciones tromboembólicas hace muy difícil la realización de estos estudios.
- A pesar de que los pacientes con tumores intracraneales presentan un elevado riesgo de sangrado intracraneal, los episodios de tromboembolismo venoso agudo deben tratarse de manera similar. En relación con la profilaxis primaria, debe considerarse en las situaciones de reconocido riesgo trombótico.