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1. Introducción
La profilaxis y el tratamiento del tromboembolismo venoso (TEV) están basados en la utilización de fármacos anticoagulantes [1-3]. Los anticoagulantes ejercen su efecto mediante la inhibición de manera directa o indirecta de factores de la coagulación sanguínea que son necesarios para la formación del trombo, pero también para la formación de los coágulos hemostáticos [4]. Como consecuencia de ello, el uso de los anticoagulantes disponibles en la actualidad y los antitrombóticos en general conlleva de manera inherente un aumento del riesgo hemorrágico.
Tras un evento de tromboembolismo venoso agudo, la anticoagulación urgente y adecuada es necesaria para prevenir la extensión del trombo, su potencial fatalidad y la recurrencia precoz. Aunque se precisan al menos 3 meses de anticoagulación para tratar un episodio adecuadamente, el tratamiento ampliado a largo plazo se recomienda en algunos casos para prevenir recurrencias tardías [5,6]. Estudios prospectivos, han mostrado que la tasa de recurrencias tardías en episodios no provocados puede alcanzar el 18, el 25 o incluso el 30% tras 2, 5 y 8 años, respectivamente [5]. La anticoagulación con antagonistas de la vitamina K o anticoagulantes orales inhibidores directos (ACOD) es eficaz en la protección de la recurrencia, pero a costa de un riesgo de sangrado no despreciable.
1.1. Riesgo de recurrencia y riesgo de hemorragia
Deben considerarse dos aspectos en el momento de decidir la duración de la anticoagulación en un paciente concreto: el riesgo de tromboembolismo recurrente, que no es el mismo para todos los pacientes y situaciones, y el riesgo de hemorragia si se amplía el periodo de anticoagulación.
La decisión entre suspender o mantener la anticoagulación indefinidamente procede del balance entre ambos riesgos. Los pacientes con eventos no provocados y los que presentan trombosis relacionada con el cáncer presentan un mayor riesgo de recurrencia que los desencadenados por un factor de riesgo temporal [6]. La estimación del riesgo individual de sangrado durante la anticoagulación no es tarea fácil, especialmente en pacientes con tromboembolismo venoso, dado que en muchos casos no presentan antecedentes de sangrado y a menudo no se identifica la presencia de estados que favorecerían la hemorragia.
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